Por qué hacer monografías luce (falsamente) difícil – Parte 3


 Y no es que tampoco sea definitivamente fácil pero aunque tenga sus exigencias rigurosas en cuanto a planteo, estructura, contenido, coherencia y estilo, las monografías, que son parte indisoluble de la vida académica y profesional son algo que se puede aprender perfectamente a elaborar, a cambio de conocimiento gradual, organización, práctica y "ciertos secretillos” que se van desarrollando con el tiempo.

A los aspectos ya comentados en la primera parte y segunda parte de esta serie de posts, es innegable añadir algunos otros más, que hacen ver a las monografías como algo difícil de elaborar, aunque no es necesariamente así. Entre ellos están la cuestión del “lenguaje académico”, el timing o gestión del tiempo por el monografista, o sea tú, y la búsqueda (necesaria pero tampoco indispensable) de la perfección desde el inicio…

En cuanto a la complejidad del lenguaje académico…
Debo señalarte que ese enigma puede ser un gran obstáculo. Muchos estudiantes sienten que deben convertirse en eruditos de la noche a la mañana, cuando en verdad ello es un proceso largo y por lo tanto exigente en laboriosidad y paciencia. Usar el lenguaje adecuado –acorde a la terminología del tema, especialidad y nivel académico– no solo es importante, sino que puede hacer la diferencia entre una buena y una monografía bien elaborada. Pero, ¿cómo se aprende eso?: con el tiempo y la práctica. Por otro lado, el estilo de escritura es diferente al que utilizan las personas en sus redes sociales ya que se requiere formalidad, más allá de la “jerga cotidiana” pero sin llegar tampoco a la “solemnidad retórica”, claro... Pasar de "¡Mira lo que hice!" a "Este estudio se centra en..." puede ser un cambio radical. Y eso se domina con el tiempo…

En cuanto a la gestión del tiempo…
Todos sabemos que la universidad es un torbellino de actividades: clases, trabajos, actividades extracurriculares, y, por supuesto, la vida social que tanto buscan disfrutar, a veces excesivamente, los jóvenes. Entre todo esto, encontrar tiempo para trabajar en una monografía puede parecer una tarea titánica. Y ahí entra en escena la famosísima procrastinación –o niégamelo…!–. Muchos estudiantes, en lugar de enfrentar “el monstruo”, como lo ven a elaborar monografías, optan por postergarlo. “Solo un episodio más de esa serie, y luego me pongo a escribir”. Pero, como sabemos, ese “luego” puede convertirse en “nunca”. Y si a ellos se añaden la falta de habilidades para planificar el tiempo, un proyecto que podría ser manejable se convierte en una montaña abrumadora, más ese hábito de la desorganización del día a día juvenil, la “tormenta perfecta” ya está: hacer monografías se ve varias veces más difícil de lo que en verdad es… verdad…?

Pero hay otro factor más: la búsqueda de la perfección…
Incluso en estudiantes con mejores “habilidades monográficas” (por decirlo de algún modo) que el promedio de su clase o edad, este factor puede ser otra limitante. Muchos piensan que en “la U” –en “la Facu”– les exigirán desde un principio la perfección, y si esta rigurosidad siempre es algo deseable y buscada por los docentes, queda claro para ellos que no puede darse desde un principio. La idea de que cada palabra, cada argumento, debe ser impecable puede paralizar a muchos estudiantes, cuando en verdad lo que buscan los docentes universitarios –al menos los mejor acomodados desde la psicopedagogía universitaria– no es la perfección sino el “proceso de perfeccionamiento”. Aparte, algunos universitarios “auto–exigentes” se atormentan con esa voz interna que les dice “no es suficiente”, que les lleva a “revisar y revisar” constantemente, en un ciclo interminable de correcciones y dudas.

Aunque tengan mucho de realidad, lo que se acaba de comentar son, en verdad “mitos” o al menos “percepciones convertidas en mitos”… elaborar una buena monografía ciertamente no es fácil, al menos desde un principio, pero es algo que se puede aprender, y ese proceso no es misterioso, complejo ni difícil…

En las dos partes faltantes de esta serie te iré comentando los aspectos más cruciales a tomar en cuenta para que tu proceso de aprender a hacer buenas monografías sea más llevadero, y fácil…

Mientras, chau…

Por qué hacer monografías luce (falsamente) difícil – Parte 2

 

En la primera parte de este tema hemos visto los factores esenciales por los que elaborar una buena monografía universitaria o de postgrado se ve como un trabajo muy difícil de cumplir; sin embargo, aun aceptando que como todo trabajo académico tiene su complejidad –no puede ser de otro modo–, gran parte de esos factores suelen vérselos como injustificadamente sobredimensionados.

En gran medida, eso de que elaborar una buena monografía, es para “iluminados”, es sólo un mito…

Y ello tiene su principal razón de ser, especialmente en casos de estudiantes con escaso contacto o experiencia desde sus años de Secundaria, o profesionales jóvenes poco familiarizados con –por ejemplo– la temática de la redacción académica. Y aunque es comprensible, dichos “temores” no debieran ser barreras infranqueables.

A su vez, también surge la cuestión de las expectativas y las comparaciones, aparte de otras más. Los profesores, por lo general, esperan un nivel de análisis y profundidad que, para un estudiante –especialmente de primer año universitario–, pueden parecer un reto casi hercúleo o directamente imposible. Aparte, la tentación de comparar el propio trabajo con el de otros compañeros puede ser abrumadora. “¿Mi investigación es tan buena como la de ellos?” Esa pregunta puede generar inseguridades o. finalmente bloquear la mejor voluntad de hacer la tarea con el mejor ánimo…

Has oído hablar, a propósito, de la “Soledad del Escritor”, que invade a quien está frente a un trabajo y casi sin ayuda para cumplirlo? Escribir puede ser un proceso solitario. La imagen del escritor en su cueva, rodeado de papeles, es más que un simple cliché; es una realidad, y bastante frecuente entre los universitarios iniciantes. Cuando se trata de monografías, muchos estudiantes se sienten aislados en su lucha por hacerlas.

Aunque cuenten recursos disponibles (libros de consulta, Internet, etc.), a menudo no saben cómo o cuándo pedir ayuda. La idea de "resolverlo solo" puede ser tanto un acto de valentía como de locura (así pueden llegar a percibirlo). Aparte, la falta de inspiración –entendida como la iniciativa para plantear y estructurar los argumentos propios para ponerlos por escrito–  o el “bloqueo del escritor” –no saber cómo comenzar un capítulo o apartado– puede hacer que se sientan atrapados en un ciclo de frustración.

En esto, y sin que deba tomárselo como “culpabilización” sino como “una tarea académica por hacer”, las universidades y otras entidades académicas asumen falsamente que sus estudiantes llegan desde el bachillerato a sus aulas ya sabiendo redactar y completar trabajos académicos, al menos a nivel básico, lo cual suele ser la excepción y no la regla. Entonces, se les inculca el tema de la investigación ligada a su carrera, las cuestiones de estilo y formato de documentos, etc., pero no se les brinda apoyo –coaching– sobre el “proceso paso a paso” de planear, estructurar y avanzar en el proceso de una monografía, sea posterior a una investigación ya hecha o simultánea a ella. Tampoco, lamentablemente, se les facilita algún material para que ellos, por su propia cuenta, lo vayan aprendiendo, como por ejemplo una guía como esta:

En fin…

En los próximos posts completaremos este diagnóstico, pero, además, veremos cómo tú puedes superar estas barreras que te dificultan elaborar una buena monografía que, además en perspectiva, te sirva de base para tu futura Tesis Profesional. No te pierdas esta serie de reflexiones y consejos que iré compartiéndote.

Mientras, chau…

Por qué hacer monografías luce (falsamente) difícil – Parte 1

 El gran salto: por qué hacer monografías puede ser aterrador para los estudiantes universitarios, e incluso profesionales jóvenes…

Cuando los estudiantes, luego del Bachillerato, llegan a la Universidad, se encuentran con un mundo nuevo lleno de oportunidades, amistades y, sí, también de desafíos. Uno de esos desafíos, que a menudo provoca sudores fríos y miradas de pánico, es la elaboración de monografías.

¿Por qué? Vamos a desglosarlo de una manera comprensible, y familiar.

El miedo a lo desconocido. Imagínate que estás en un salón oscuro y justo enfrente hay una puerta que no sabes qué hay detrás. Esa es la sensación que muchos estudiantes experimentan al enfrentarse a su primera monografía. A menudo, no saben por dónde empezar. ¿Cómo se elige un tema? ¿Qué estructura debe tener? La falta de familiaridad con el proceso puede ser intimidante.

Para comenzar: el tema. Escoger o definir un tema para una monografía, si es que no te lo han dado ya, es como elegir qué sabor de helado pedir en una heladería gigante. ¿Vas por lo clásico o te atreves a probar algo exótico? Este primer paso puede generar ansiedad.

Por otro lado está al asunto inevitable de la investigación, porque para elaborar una monografía, necesariamente, hay que investigar, sea antes o durante su elaboración. No se trata solo de “buscar en Google”; hay libros, artículos académicos, y hasta bases de datos que parecen laberintos.

A propósito, entre esos libros, siempre es valioso que  haya uno que enseñe a elaborar una buena monografía, verdad?

En tercer lugar, pero no siempre finalmente, está la presión de la evaluación. Una vez que logran superar la barrera inicial, los estudiantes se enfrentan a la presión de obtener buenas calificaciones. Las monografías suelen tener un peso significativo en la nota final de una materia, semestre, etc., lo que convierte cada palabra escrita en un pequeño monstruo de estrés.

Empero, si bien así luce que elaborar una monografía es difícil, en verdad no lo es…

En los siguientes posts de esta serie en el blog lo iremos explicando hasta, primero, desterrar es mito y, segundo, hasta que tengas los principales elementos para elaborar una buena monografía y, con el tiempo, también tu tesis… porque tarde o temprano, al finalizar tus estudios, también tendrás que hacerla.

Chau, por ahora…

Cómo elaborar una buena monografía universitaria o de postgrado

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