Luego de echar un vistazo a los principales motivos por lo que elaborar una monografía universitaria y de postgrado aparenta ser una labor poco menos que imposible, llegamos a la conclusión de que en realidad no se trata de una tarea martirizante sino que requiere un proceso de aprendizaje paulatino a partir de sus bases principales para luego ir avanzando hacia sus detalles más y más especializados.
En anteriores segmentos de este artículo hemos visto cómo aparecen preconceptos exagerados, incluso algunos injustificados, por los que elaborar una buena monografía es, desde la mirada de quienes no están habituados a esta labor, poco menos que imposible. Que desde un inicio en la Universidad hay que hacerlo bien, que los docentes exigen perfección “a la primera”, que hay “trucos y secretos” no siempre accesibles a todos, etc., son en realidad mitos alimentados por el temor al qué dirán, a la propia “angustia auto–perfeccionista”, etc.
A pesar de todos esos temores ya citados, es importante recordar que elaborar una buena monografía es, en esencia, un viaje de aprendizaje. Es una oportunidad para explorar un tema, desarrollar habilidades investigativas y mejorar la escritura. Y como todo buen proceso, lleva su tiempo… Así que, aunque el camino pueda ser aterrador, es también gratificante. Con el tiempo, los estudiantes –o sea tú, si lo eres– aprenderán a enfrentar estos desafíos con confianza, y lo que una vez fue una fuente de miedo se convertirá en una herramienta poderosa en su arsenal académico.
La siguiente no es una lista –mucho menos completa– de consejos prácticos, o tips, para afrontar un primer desafío de hacer una monografía bien estructurada y desarrollada; sin embargo, son ideas esenciales que deberás aplicar desde un principio. ¿Listo, o lista, para empezar tu propia monografía?...
Divide y conquista.
El primer consejo es simple: divide el trabajo en partes más pequeñas. En lugar de pensar en "tengo que escribir una monografía", piensa en "hoy voy a investigar mi tema" o "voy a escribir la introducción", etc. Plantéate un “Checklist”, es decir, haz una lista de tareas que involucra tu trabajo (definir tema y título, plantear ideas o “puntos fuertes” para tu Introducción, etc.). Cada pequeño logro te dará un empujón de motivación. Asimismo, imponte “objetivos diarios”, establece metas diarias, como “escribir 200 palabras” o “leer un par de artículos” acerca del tema de tu monografía. ¡Cada palabra, cada párrafo avanzado, cuenta!
Elige un tema que apasione.
Cuando se trata de elegir un tema, opta por algo que realmente te interese. Si sientes emoción por el tema, te será más fácil escribir sobre él. Elegir así te genera una “conexión personal” con tu futura monografía… Piensa en cómo el tema se relaciona con tus propias experiencias o intereses. Eso hará que la escritura fluya más naturalmente. Por otro lado, explora antes de decidir, evitando decidir a la ligera. Investiga un poco sobre varios temas antes de decidirte. Muchas veces, encontrar ese "clic" es lo que necesitas.
Busca ayuda y apoyo.
No caigas en, lo que dije en una parte anterior, la “soledad del escritor”… siempre hay recursos y personas dispuestas a ayudarte. No dudes en buscar apoyo. Un recurso que podría servirte muchísimo es este libro especial sobre cómo elaborar monografías. Otra ayuda de valor son tus propios docentes y compañeros. No tengas miedo de preguntar. Los profesores suelen estar encantados de orientar a sus estudiantes. Y tus compañeros pueden ser una gran fuente de apoyo. Por otro lado, formar un grupo de estudio, o integrarte a los que ya existen en tu Universidad y Facultad, puede hacer que el proceso sea más divertido y menos solitario.
Hay otras pautas y consejos más, pero dejémoslas para la próxima parte de esta breve serie de posts.
Mientras. Chau…
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